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El Pollo Matutino

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Vuelta de vacaciones

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Ayer me reincorporé de unas breves (¿acaso nunca lo son?) vacaciones y, al contrario de casi todo el mundo, durante las mismas creo que no he posteado nada. La Física, que es una señora muy seria, ya dijo hace tiempo que los cuerpos tienden al reposo, y el mío no iba a ser una excepción. Realmente no he viajado ni me he alejado demasiado de casa. Practicamente no he dejado de estar online, pero aún así mi actividad online ha bajado mucho.

A lo largo de estos días me he dedicado casi en exclusiva a descansar y poner en orden algunas gestiones y tareas pendientes que estaban dandole pellizcos a mi conciencia durante demasiado tiempo. También he aprovechado, entre otras cuestiones, para practicar un poco la fotografía, ponerme al día con la T4 de BSG, echarle un vistazo a por donde se están moviendo ultimamente Ubuntu y Guadalinex, y a preparar los regalos para Reyes. Si alguien se extraña por esto, que sepa que no es nada anormal en mí. Suelo comprar los regalos en la segunda quincena de noviembre porque odio las tiendas, las colas, no encontrar lo que quiero y verme obligado a competir con otros miles de desesperados “regalantes” como si nuestra supervivencia dependiera de ello. Pero eso, ya es otra historia…


Qué día más curioso

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Ajú que agobioHoy está siendo un día curioso y atípico en mí (quien dice en mi, dice también re sostenido, que no estoy muy afinado en este momento). No es que sea nada del otro mundo, pero son sensaciones que no tenía hace tiempo. Es la ley de la vida moderna. Inicialmente tu vida como estudiante es agobiante, estresada y dura, pero hasta que no te haces mayor, no te das cuenta de que realmente lo duro está por venir. Poco a poco la toma de decisiones te va encauzando la vida en una u otra dirección, las obligaciones te acorralan, el trabajo se adueña de buena parte de tu vida, y cuando te das cuenta… casi nunca haces lo que quieres, sino lo que puedes. Algo de esto hablaba ayer con mi amiga Ángela durante un momento de la conversación, pero creo que ella no lo sabía :)

He hecho una buena acción en mi casa. Algo interesada, pero buena acción al fin y al cabo. Me encanta la paz y la tranquilidad. Mi cuerpo no tolera nada bien los gritos, bullicios, discusiones y movidas varias desde hace un tiempo. Ya tengo mi buena dosis de estrés en el trabajo y en los problemas que nos trae gratis la propia vida. Sin embargo, en mi casa siempre hay conversaciones entre habitaciones, televisiones de fondo, ring de teléfonos móviles y fijos a volúmenes infernales, el zumbido del portero automático, mi perro se pica con los perros vecinos por la supremacía del ladrido en el portal… Así que hoy he decidido que ya está bien. He cogido la Vespa y me he plantado en El Corte Inglés en busca de una solución. La buena obra ha consistido en la donación a mi hogar familiar de un teléfono inalámbrico de dos terminales. Por una parte es una buena obra porque aporto intimidad a mis familiares en sus conversaciones, pero por otra parte es una obra interesada porque me legitima a prohibir que se hable por teléfono en mi presencia. No me malentendais, no soy un protestón. Me refiero a esas conversaciones a bocinazos que suelen tener las madres entre ellas. Comienzan a un nivel más bien fuerte, y a los pocos minutos se van animando llegando a niveles de comentarista de partido de fútbol en la radio. Eso, unido a que suelen ser cotilleos vanales… me ponen enfermo. Así que nada, tras años de quejas he optado por comprar la mejoría de mi salud mental.

Por otra parte, he colaborado subiendo a casa una mesa nueva, me he comprometido a desmontar otra mesa mañana, … Me parece que me estoy volviendo un ser demasiado social. Los lectores habituales del blog estarán flipando: en no se cuanto tiempo que lleva esto abierto, estoy escribiendo por primera vez un post contando mi vida por la cara y sin venir a cuento. Igual es mi reciente aficionamiento al mate, o yo que se. A saber…


La piedra

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El distraído tropezó con ella.
El violento la utilizó como proyectil.
El emprendedor, construyó con ella.
El campesino, cansado, la utilizó de asiento.
Para los niños, fue un juguete.
Drummond la poetizó.
Con ella, David mató a Goliat.
Y Michelangelo le sacó la más bella escultura.

¡En todos estos casos, la diferencia no estuvo en la piedra, sino en el hombre!

No existe “piedra” en tu camino que no puedas aprovechar para tu propio crecimiento.

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