Bueno, bueno, bueno… No ha hecho más que salir el tan esperado y predecible Mac Pro y se ha armado un auténtico revuelo que, cual efecto cuponazo, ha contagiado a buena parte de la comunidad maquera mundial. Ya se sabía más o menos lo que nos iban a ofrecer en la última keynote porque se veía venir. Lo que quizá no estaba tan claro era que estuviera disponible desde ese mismo día 7 de agosto. Había un poco de ansiedad por ver cómo culminaba el proceso de actualización a Intel del catálogo de productos de Apple, más aún tratándose del ordenador más avanzado. Parece ser que no ha defraudado, tanto por las prestaciones como por las diferentes condiguraciones que se ofrecen.

En mi opinión toda esta bola de expectación, ansiedad y alegría está despistando a más de uno. No debemos olvidar que el Mac Pro, al igual que sus antecesores, es una máquina diseñada para el uso profesional de muy alto rendimiento. Ofrecen una gran potencia de procesamiento para tareas costosas y exigentes. Cada cual es libre de comprarse para su uso personal lo que quiera, y no niego que es un lujazo disponer de un equipo como este. Ahora bien, no me parece bien que se pretenda esperar del Mac Pro que se adapte plenamente al entorno personal. Es evidente que un profesional que vaya a emplear esta pedazo de máquina como estación de trabajo para renderizado, cálculo científico, o servidor de bases de datos necesite de serie elementos como una Airport, Bluetooth o un Modem RTB. En fin, que cada cual es libre de hacer lo que quiera, pero un poquito de por favor con lo que se dice porque estamos perdiendo la perspectiva.
Yo personalmente, si es que a alguien le interesa mi opinión, mientras haya un buen iMac que me ofrezca potencia, diseño, y ocupe poco espacio, estoy más que servido.