Ayer hablaba de que ya queda menos para el verano y sus puestas de sol, y resulta que hoy vuelven los nublados y la lluvia que parecía que ya se había despedido por una temporada. Esto me recuerda, aunque no sea exactamente lo mismo, la de veces que en la vida nos tenemos que tragar nuestras propias palabras. Aunque pueda parecer presuntuoso, yo suelo decir de mí mismo que si digo algo es porque tengo razón, que si no tengo algo muy claro me suelo callar o pongo directamente mis palabras en cuarentena. Pues la verdad es que aun así te equivocas hasta los topes. Recuerdo ahora por ejemplo una ocasión a finales del siglo pasado (siempre quise decir esto), de esos primeros años de carrera universitaria en los que te haces muy amigo de Cruzcampo, junto a un compañero de ingesta. En cierta plaza pública observamos una perrita que se pasea delante nuestra. Acto seguido, y no recuerdo por qué tipo de indicio, digo solemnemente lo que se convirtió automáticamente en mi propia condena “esa perra está claramente en celo“. No pasaron ni diez segundos y la presunta perra levantó la patita para dejar al descubierto su miembro viril e iniciar una maniobra convencional de micción canina. Todavía nos estamos riendo catorce años después. Y es que lo importante en estos casos es reconocer el error y, si cabe, hasta reírte de ti mismo.
Se ve que me lio. Yo solo quería decir que ha vuelto a llover, que sigue lloviendo un poco antes de que llegue definitivamente el verano. Ahh, y antes de terminar: queda prohibido hacer comentarios que contengan la expresión “cuarenta de mayo”. He dicho.
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella.”
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.
Audio: “Sigue lloviendo” – Maná




