“El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.”
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.
Me vais a perdonar, pero yo cada vez que España gana un Campeonato Mundial de Fútbol acostumbro a iniciar una nueva etapa de mi vida. Sólo hay que tener ojos en la cara para percatarse que últimamente he estado un poco alterado por factores externos que han provocado un comportamiento… digamos que poco habitual en mí por este blog. Quienes me conocen personalmente saben que no soy persona que se caracterice por exteriorizar o cambiar mis pautas de comportamiento facilmente. Aun así, hay excepciones como en todo en la vida.
Las personas somos sistemas complejos que interactúan, frecuentemente con resultados inesperados. Me vais a perdonar de nuevo, pero mi formación de ingeniero me condiciona cuando analizo las cosas. Esto es algo que limita la posible monotonía de la vida, pero que a una persona como yo le trae de cabeza. Puedo comprender el funcionamiento de cualquier aparato, por muy complicado que sea. Puedo proponerme retos como castillos que, si realmente me interesan, los acabo consiguiendo antes o después por mucho esfuerzo que requieran. Sin embargo, por muy temprano que me levante nunca voy a comprender a las personas, aunque yo mismo sea una de ellas. Esto es algo que hace un tiempo asumí, por supuesto que por las malas.
Cuando pones tu bienestar, por llamarlo de alguna manera, en manos de otra persona estás llevando a cabo uno de los gestos más sinceros, valientes y puros que serás capaz de protagonizar en tu vida. Quizá por eso es algo que sucede muy pocas veces, y más aun si resulta que es un acto recíproco. No suelen darse pasos así a la ligera, pero no siempre es fácil averiguar en quien depositar tu confianza. Eso es lo que acaba de pasarme, sin más. He cometido un error. De entre los pocos que me leeis, aún menos habreis llegado ya a esta altura del post, y de entre ellos a la mayoría probablemente os importe poco lo que estoy diciendo, o a lo mejor os importa pero no os afecta directamente. En cambio, quizá haya una persona a la que lo que voy a expresar ahora le moleste especialmente. La verdad es que me da igual porque yo aquí escribo lo que me sale de las pelotas. Me he quedado con ganas de decirte muchas más cosas a la cara, pero el sentido de la caballerosidad y la elegancia me comprometen. Todo este tiempo tan intenso pero breve he callado cosas, y otras las he amortiguado como he podido en mi afán por facilitar que las cosas fueran mejor, asumiendo como míos errores que no lo fueron, y llegando a cargar con una responsabilidad que no me correspondía. Nuevo error. A cambio, tan sólo he tenido desaires, impertinencias, memeces, mala educación y falta de sinceridad. Muy mal te va a ir en la vida si sigues por ese camino, y por lo que conozco de ti… no te veo muy en el camino de la autocrítica.
A la vista está que todo se resume en eso, he cometido un error. Lo que pasa es que las cosas se ven bien desde fuera, cuando se les despoja de los sentimientos. No me salen las cuentas, no merece la pena idealizar una imagen de cuando las cosas marchaban bien. Así que nada, me dedico ahora a pasar página. Por el momento comienzo por acabarme esta taza de te.
Y ahora corre y ve
y escucha a un tal Miguel
cantar la bien “paga”.
Identificate,
eres la falsa moneda
que de mano en mano va.
Si te parece bien
escuchate a Bambino
como le canta a un payaso
y después tú te miras en un espejo
y verás que no estás lejos
de ser un puto fracaso
José L. Figuereo “El Barrio” Un crack del arte, como yo.
Audio: “Maestra del fracaso” – El Barrio




