Poco puedo contar acerca de qué es poker a estas alturas. Quizá se trate del juego de cartas más conocido a nivel internacional. Cada país, incluso cada región, tiene sus propios juegos de cartas, muchos de ellos aprendidos por tradición oral. Aún así, creo que es difícil encontrar una persona en cualquier parte del planeta que, estando medianamente comunicada, ignore qué es el poker. Quizá esta notoriedad haya jugado un papel importante también en su poca aceptación en ciertos países, como es el caso de España, puesto que gran parte de su presencia en la vida cotidiana está rodeada de ciertos prejuicios que son más bien tópicos que otra cosa. El problema radica en que, cuando el tópico se convierte en costumbre aceptada se hace complicado, no ya informar correctamente a la gente, sino incluso que te oígan o te tomen en serio sin usar el manido recurso de que eres un ludópata. En cambio, no es tan común asociar con la ludopatía a quien juega al tute o al mus, juegos de cartas totalmente aceptados y asumidos incluso como patrimonio nacional. Antes de continuar quisiera decir que respeto a los ludópatas, acepto su terrible enfermedad y soy consciente de las dificultades que les confiere el hecho de padecerla. En cualquier caso, y sin pretender parecer frívolo, el hecho de que exista este trastorno no significa que el juego, y el poker en particular, tenga que ser necesariamente malo, peligroso o dañino para la sociedad, al igual que tampoco lo es el alcohol porque exista el alcoholismo o los ascensores porque exista la claustrofobia. Evidentemente, como casi todo en la vida, será la mesura y el sentido común la clave para convertir gratos momentos de ocio en un auténtico calvario.

Volviendo más concretamente al poker, me gustaría dejar claras ciertas cuestiones en torno al mismo que quizá ayuden a desmitificar un poco los prejuicios que existen en torno a él. Gracias al cine y la televisión, y quizá también por supuesto a la literatura, la idea que tenemos una gran parte de la sociedad española sobre el poker es que se trata de un juego de cartas que se asocia ineludiblemente con el vicio, las bajas esferas sociales, mafiosos, violentos, sucios cuchitriles, prestamistas y pobres desgraciados que en su desesperación apuestan los pantalones, el coche y hasta su casa. Evidentemente no voy a negar que existan casos que encajen a la perfección con ese estereotipo, pero no es un mal asociado al poker. De hecho, esas pesonas igual juegan al poker que a cualquier otra cosa. Si hacemos un poco de memoria, normalmente cuando aparece el poker en una película, lo están jugando mafiosos, pistoleros, tramposos, o una mezcla de todo. Nada más lejos de la realidad, o al menos hoy en día. En las últimas décadas, el estudio del juego y la consecuente publicación de libros teóricos, la celebración de importantes torneos de poker en vivo, así como la irrupción contundente del poker en internet, han posibilitado que, en la actualidad, millones de personas como tú y como yo jueguen con toda naturalidad y se diviertan con este apasionante juego. Un juego habitualmente asociado al azar, como por ejemplo la ruleta o los dados, algo que para nada es así. Es cierto que en el poker hay un cierto factor suerte que influye en los resultados de tu juego pero, a la larga sólo ganan los buenos. Parte de su grandeza es que un novato puede ganarle unas pocas manos a cualquiera de los considerados entre los mejores del mundo. Pero bueno, esto será otra historia que os contaré más adelante. Para no aburriros más, os dejo con este breve reportaje que ilustra un poco la realidad del poker en los tiempos que corren. Tiene partes en valenciano, pero se entiende perfectamente.
Entrada ofrecida con la colaboración de www.pokerlistings.es




