Me cago en los navegadores
Recuerdo una época pretérita, hace muchos años si lo medimos en tiempo tecnológico, en la que los profesionales de internet éramos felices. Nos contentabamos con poco y nuestro trabajo era más artesanal si cabe que ahora. Unas tablas html lo solucionaban todo, y si algo se resistía teníamos algunos recursos extra totalmente infalibles. Los diseñadores y maquetadores podían plasmar en el navegador casi cualquier cosa ideada previamente en el photoshop. Pese a las incomodidades del desarrollo CGI de la época, me quedo con lo bonito, como casi siempre. Es lo habitual cuando se recuerda el pasado. Por eso suele parecernos siempre mejor. Es cierto que en aquellos momentos también existían incompatibilidades entre los navegadores reinantes, pero eran más controlables y algunas de ellas dependían de tu corrección a la hora de codificar.
Ahora, en cambio, tenemos principalmente la doble rama de iExplorer (vesión 7 versus a las anteriores), Mozilla y Safari. Cuatro posibles formas de interpretar según que casos. Y ya no hablemos de la accesibilidad. La llegada del CSS, unido a la futura desaparición de las tablas, se supone que ha traído buenas noticias en cuanto a posibilidades para el diseño de webs. Pero a la hora de la verdad, especialmente lo de las tablas, no ha supuesto más que verdaderos y enormes quebraderos de cabeza. Pese a los estandards y esfuerzos de los organismos competentes, la realidad es que aquí cada navegador hace lo que le da la gana en algunas circunstancias. Este pequeño detalle dificulta una barbaridad el desarrollo de productos de calidad y merma la creatividad del medio porque al final todos tratamos de eliminar los problemas antes de que sea tarde. Es verdaderamente frustrante que tu trabajo, independientemente de lo bueno que seas, dependa en gran medida del grado de ajuste a los estándares de terceras partes. Y lo que es peor, creo que nadie con un mínimo de seriedad va a ir diciendo por ahí que “la culpa” de ese descuadre es de la “anarquía navegadoril”.
Quizá vaya siendo hora de que la gente del W3C se ponga dura y seria. A lo mejor debíera haber un navegador, o si me apuras un motor oficial, desarrollado por ellos que cumpla estrictamente las definiciones. De esa forma, lo que se viera bien ahí estaría de alguna forma homologado como correcto. Tendrían que buscar formas de presión, desprestigiando de alguna manera a aquellos navegadores que no se ajusten a las normas. En definitiva, que si todas las televisiones del mundo interpretan más o menos igual lo que emiten las cadenas, si todas las radios del mundo hacen lo propio con las emisoras, y un largo etcétera de casos análogos, reivindico el derecho de los profesionales de internet a que nuestro trabajo tenga un único canal homologado de visualización. La diferencia entre los navegadores debería estar centrada exclusivamente en los extras y valores añadidos que rodean al motor de renderizado propiamente dicho.
Por cierto, soy profesional de internet, pero no exactamente del diseño. Aún así sufro en silencio todo lo aquí expuesto.
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